lunes, 7 de noviembre de 2011

Domingo 13 de noviembre de 2011 - Domingo de la Semana 33 del Tiempo Ordinario. Ciclo A



«¡ Bien, siervo bueno y fiel! »

Lectura de libro de los Proverbios 31,10-13.19-20.30-31

Una mujer completa, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las perlas. En ella confía el corazón de su marido, y no será sin provecho. Le produce el bien, no el mal, todos los días de su vida. Se busca lana y lino y lo trabaja con manos diligentes. Echa mano a la rueca, sus palmas toman el huso. Alarga su palma al desvalido, y tiende sus manos al pobre. Engañosa es la gracia, vana la hermosura, la mujer que teme a Yahveh, ésa será alabada. Dadle del fruto de sus manos y que en las puertas la alaben sus obras.

Lectura de la Primera carta del apóstol San Pablo a los Tesalonicenses 5,1-6

«En lo que se refiere al tiempo y al momento, hermanos, no tenéis necesidad que os escriba. Vosotros mismos sabéis perfectamente que el Día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche. Cuando digan: «Paz y seguridad», entonces mismo, de repente, vendrá sobre ellos la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta; y no escaparán. Pero vosotros, hermanos, no vivís en la oscuridad, para que ese Día os sorprenda como ladrón, pues todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. Nosotros no somos de la noche ni de las tinieblas. Así pues, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios».

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 25,14-30

«Es también como un hombre que, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado." Su señor le dijo: "¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor." Llegándose también el de los dos talentos dijo: "Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado." Su señor le dijo: "¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor."

Llegándose también el que había recibido un talento dijo: "Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo." Mas su señor le respondió: "Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes».


Pautas para la reflexión personal

El vínculo entre las lecturas

«El Día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche», nos dice San Pablo, por eso, debemos de vigilar y vivir sabiamente para no ser sorprendidos (Segunda Lectura). En el Evangelio de este Domingo Jesús continua su catequesis sobre «las últimas realidades» y en «la parábola de los talentos» nos muestra como ya la vida misma es un don de Dios. Al crearnos, Dios ha querido compartir con nosotros algo de sí mismo y es por eso que desea que nosotros seamos generosos con lo que poseemos.

Ante los dones recibidos, lo propio es producir frutos abundantes; utilizando todas las capacidades de la inteligencia y de la voluntad que tenemos para producir aquellos frutos que Dios espera de nosotros. Y ciertamente a todos nos ha dado la posibilidad de acceder al más grande don que todos merecemos: la vida eterna. El libro de los Proverbios nos muestra el ejemplo de una mujer que hace rendir su vida y sus cualidades. Es una mujer hacendosa, activa, laboriosa en la caridad, diligente en el obrar. No es remisa, vanidosa o egoísta. Su especial sensibilidad no la vuelve hacia sí misma, sino que trabaja con sus manos y extiende sus brazos a los necesitados (Primera Lectura).

«Una mujer fuerte ¿quién podrá hallarla?»

El libro de los Proverbios es una colección de sentencias y proverbios sapienciales que orientan a los jóvenes sobre la manera de llevar una vida justa y piadosa. La mayor parte son buenos consejos escritos de manera popular, como era corriente también en los pueblos vecinos a Israel. Comienza el libro diciendo lo que está bien y lo que está mal. Justamente la base de la sabiduría será el «temor de Dios», es decir la reverencia que tenemos que tener a Dios sobre todas las cosas ya que Él mismo es la fuente última de toda la sabiduría. Luego iluminará, está sabiduría, todas las esferas de la vida cotidiana: matrimonio, hogar, trabajo, justicia, decisiones, actitudes, etc.; ayudándonos a conocer cómo debemos conducirnos en las diversas situaciones desde la atenta mirada de Dios. Los proverbios subrayan la necesidad de cualidades como la humildad, la paciencia, la preocupación por los pobres, la diligencia, el trabajo, la fidelidad a los amigos y el respeto en el seno familiar.

En la parte final del libro tenemos un bello poema en acróstico[1] a la mujer ideal o «mujer fuerte»[2] que evoca el ideal de eficacia y de virtud de la perfecta ama de casa. Este pasaje es llamado de «el alfabeto áureo (dorado)» de la mujer y es leído con frecuencia en la Santa Misa cuando recordamos en el calendario litúrgico la memoria de alguna santa. Al parecer el «ser mujer» y «ser fuerte» es un contrasentido, pues la mujer es débil y siente la necesidad de ser protegida. Sin embargo, el texto alaba la fortaleza de la mujer ya que sabe que su alma es grande y generosa. «Hace siempre el bien» (31,12), con estas sencillas palabras describe el sabio toda una vida de abnegación, de renuncia y de amor; pues entregarse siempre es renunciar a sus propios gustos y dar con alegría indica que esa renuncia es fruto del amor. Pero estas palabras también nos hablan del silencio de la mujer. Ella calla y se entrega generosamente a los demás «levantándose cuando aún es de noche» (31, 15) y permanece en vigilia ya que «no se apaga por la noche su lámpara» (31,18). Ella, que teme al Señor, «es digna de alabanza» (31,30).

«Vosotros sois hijos de la luz e hijos del día»

Los días que permaneció en la ciudad de Tesalónica, San Pablo predicó sin mucho éxito, pero con aquellos que se convirtieron fundó una comunidad cristiana. Se cree que ésta es la más antigua de las epístolas de San Pablo y debe remontarse al año 51. Después del saludo inicial, el Apóstol agradece a los cristianos de la ciudad por el buen ejemplo que dan a las otras comunidades. Habla de su deseo de verlos nuevamente y de la ternura maternal que siente por ellos, agradeciendo las buenas noticias que le han sido dadas por Timoteo.

En la segunda parte, donde se encuentra nuestra lectura dominical, afirma que el día del Señor llegará de modo imprevisto, cuando todos se sientan seguros. Así como el padre de familia vigila para que el ladrón no robe en la noche (ver Lc 12, 39), así el cristiano no debe abandonarse al sueño negligente en esta vida. A este hombre atento y vigilante se le pueden aplicar las palabras: «yo dormía, pero mi corazón vigilaba» (Ct 5,2). En realidad la gran tentación es considerar el tiempo presente como el único, definitivo y; en consecuencia, buscar en él el máximo disfrute y placer, pues el futuro es incierto.

«Velad y orad…»

El Evangelio de hoy nos propone la conocida «parábola de los talentos». Ella está a continuación de la parábola de las vírgenes necias que era la lectura del Domingo anterior[3], y aclara otro aspecto de la venida de Jesús. Él no nos quiere dejar en la ignoran­cia sobre lo que ocurrirá ese día, para que seamos «sabios y sensatos» en el tiempo presente. No podremos después que­jarnos: «¿Pero qué pasó; por qué nadie me avisó?» Él nos advirtió claramente con tiempo. Después de concluir la parábola de las vírgenes ne­cias nos dice: «Velad y orad porque no sabéis ni el día ni la hora». Jesús agrega una enseñanza sobre lo que debemos de hacer mientras esperarnos su regreso o mientras estemos peregrinando en esta existencia.

Y es así que comienza la parábola: «Porque así es, como un hombre, que al partirse lejos, llamó a sus siervos, y les entregó sus bienes». Sabemos que partió lejos pero que pensaba volver y es por eso que deja sus bienes a sus siervos de mayor confianza. Luego de mucho tiempo, vuelve ¿Cuánto tiempo después? Eso es exactamente lo que no sabemos y eso es uno de los grandes misterios de nuestra fe. Pero era necesario aprove­char el tiempo haciendo fructificar los bienes que el Señor les confió de acuerdo a sus capacidades y posibilidades que Él conocía perfectamente.

Los talentos de cada uno

El «talento» era una medida monetaria[4]. Se trataba de una cantidad considerable de dinero. Aquí expresa los bienes que el Señor dejó a sus siervos. A causa de esta parábola y de su interpreta­ción, la palabra «talento» pasó a signifi­car en nuestra lengua los dones naturales que hemos recibido gratuitamente. Se habla del talento musical, talento matemático, talento literario, etc. Los talentos que cada uno posee son un don gratuito como enseña San Pablo: «¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo has recibido ¿de qué te glorías, como si fuera mérito tuyo?» (1Cor 4,7). Cada uno posee los talentos que ha recibido como pro­pios, pero es inherente a la noción de «talento» la obliga­ción de dar frutos y de ser puesto al servicio de los demás.

No impor­ta que cada persona no haya recibido todos los talen­tos, porque el que ha recibido aunque sea «un talento», lo ha reci­bido para sí mismo y también para los demás. Wolfgang Amadeus Mozart, que recibió un talento musical descomunal, deleitó a sus contemporáneos y sigue deleitando a los hombres de todos los tiempos. ¿Qué hubiese pasado si ese talento nunca lo hubiese colocado al servicio de los demás? Nada…exactamente eso hubiese ocurrido...nada y no tendríamos las maravillas musicales que ha ofrecido a toda la humanidad.

Pero el conjunto de todos los talentos que Dios ha distribuido entre todos los hombres, puestos todos a servicio de los demás; es lo que realmente constituye la riqueza de una sociedad humana. Es decir son tantos los talentos cuantas personas existen y es responsabilidad descubrir y hacer fructificar su propio talento. Para eso los ha dado Dios y del uso que habremos hecho de ellos nos pedirá cuentas cuando vuelva.

El que tiene un talento...

Es importan­te observar la conducta de los siervos después de la partida de su Señor: «El que había recibido cinco talen­tos, inmediata­mente se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos». No hay diferencia en la conducta de estos dos siervos, no obstante ser muy diferente la canti­dad de dinero que manejan. Ambos obtienen el mismo rendi­miento al dinero de su Señor. Y la aprobación cuando vuelve, indiferente de la cantidad, es idéntica para ambos: «¡Bien, siervo bueno y fiel! Has sido fiel en lo poco, te pondré al frente de lo mucho» También la recom­pensa es idéntica: «Entra en el gozo de tu señor».

El último sin embargo, que tuvo miedo y no hizo fructificar su talento, recibirá esta senten­cia: «Siervo malo y perezoso». Y seguirá la orden del Señor: «Echad a este siervo inútil a las tinie­blas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dien­tes». Es una parábola. Pero no debemos perder de vista que la usa Jesús para expresar una gran verdad: nuestro destino eterno se juega aquí, se está jugando ahora. Es ahora cuando nos estamos ganando la biena­venturanza eterna o perdiéndola, también para siempre. Esta última alternativa, triste pero posible, es lo que Jesús describe como: «tinieblas, llanto y rechinar de dientes». Y ahora no digamos que no sabíamos nada…

Una palabra del Santo Padre:

«La lectura de hoy, tomada de San Mateo, recoge en la parábola de los talentos esta doctrina fundamental. Tres personas reciben de su amo los talentos. El primero, cinco; el segundo, dos; el tercero, uno. El talento significaba entonces una moneda, se podría decir un capital; hoy lo llamaríamos sobre todo la capacidad, las dotes para el trabajo. El primero y el segundo de los siervos, han duplicado lo que han recibido. El tercero, en cambio, esconde su talento bajo la tierra y no multiplica su valor.

En los tres casos se nos habla indirectamente del trabajo. Partiendo de estas dotes que el hombre recibe del Creador a través de sus padres, cada uno podrá realizar en la vida, con mayor o menor fortuna, la misión que Dios le ha confiado. Siempre mediante su trabajo. Esta es la vía normal para redoblar el valor de los propios talentos.

En cambio, renunciando al trabajo, sin trabajar, se derrocha no sólo "el único talento" de que habla la parábola, sino también cualquier cantidad de talentos recibidos. Jesús, a través de esta parábola de los talentos, nos enseña, al menos indirectamente, que el trabajo pertenece a la economía de la salvación. De él dependerá el juicio divino sobre el conjunto de la vida humana, y el Reino de Dios como premio. En cambio, "el derroche de los talentos" provoca el rechazo de Dios».

Juan Pablo II. Discurso en su visita al Perú, Trujillo 4 de febrero de 1985.


Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana

1. Muchas veces creemos que no tenemos «muchos» talentos. ¿No es ésta una falta de humildad y de desconfianza en el amor de Dios por cada uno de nosotros? ¿Cuáles son los talentos o dones que tengo para compartir? Haz una lista de tus talentos y recuerda que todo talento es fecundo en la medida que se pone al servicio de los demás.

2. Leamos y meditemos el Salmo Responsorial 127: «Si el Señor no construye la casa, en vano se afanan los constructores…».

3. leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales 668-672.


[1] Acróstico, ca. (Del gr. ἀκροστίχιον, fin de un verso). Dicho de una composición poética: Constituida por versos cuyas letras iniciales, medias o finales forman un vocablo o una frase.

[2] La expresión hebrea es traducida literalmente en griego y en la Vulgata por «mujer fuerte».

[3] Lectura del Domingo XXXII del Tiempo Ordinario, Ciclo A, sin embargo, el 2008 se ha celebrado la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán.

[4] La palabra «talento» traduce el término griego «tálanton», que era una medida de peso; como el kilo nuestro sólo que mucho mayor: el talento equivalía mas o menos a 30 Kg. (variaba según la época y la región). Mas tarde cuando comenzó la moneda, el talento designó la moneda de mayor valor. En el Evangelio se utiliza para designar una cantidad elevada de dinero.

Fuente: Ve Multimedios "Meditacion Dominical"

7 de Noviembre - San Engelberto, Arzobispo de Colonia, Mártir


Uno de los abusos que más se extendieron durante la Edad Media, era la conseción de uno o varios beneficios eclesíasticos a los jóvenes y aún niños. San Engelberto fue un ejemplo de ellos, cuyo padre era el poderoso Conde de Berg. Cuando estudiaba todavía en la escuela de la catedral de Colonia, era ya prebendado de Santa María de Aquisgrán, de San Jorge, de San Severino y de la catedral de Colonia.

En 1217 fue nombrado Arzobispo de Colonia; la diócesis estaba completamente arruinada por las luchas políticas y religiosas, pero San Engelberto poseía cualidades humanas que lo hacían apto para la tarea que le esperaba: un juicio claro, un gran deseo de justicia, una voluntad fuerte y una presencia que imponía respeto.

El santo recibió generosamente a los frailes menores y dominicos a quienes alentó para que se estableciesen en sus dominios. Convocó varios sínodos en su diócesis para mantener la disciplina en el clero secular y regular.

El santo desempeñó con vigor y energía, y supo ganarse el respeto de todos; pero al mismo tiempo, la mano firme y justa con que gobernó, le creó muchos enemigos. Uno de ellos, fue su primo Federico de Isenberg, administrador de las religiosas de Essen, quien tramó una conspiración para asesinarlo debido a los reproches que San Engelberto le había dirigido a causa de sus abusos y malos manejos administrativos.

El 7 de noviembre de 1225, el santo partió de Soest a Schwelm con una escolta insuficiente, y Federico y otros nobles cayeron sobre él con cien soldados y lo asesinaron.

Fuente: ACIprensa http://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=334

domingo, 6 de noviembre de 2011

6 de Noviembre - San Alejandro de Sauli, Obispo



San Alejandro cuyo nombre significa "el que protege con fuerza", nació en Milán en 1535. A los 17 entró como religioso en la comunidad de los Padres Barnabitas, y luego de ordenarse como sacerdote, empezó a predicar con elocuencia y tan formidable doctrina que San Carlos Borromeo, Arzobispo de Milán lo invitó a predicar la cuaresma en su catedral. Fue nombrado superior general de su comunidad, y San Carlos Borromeo lo designó como su confesor. Su fama llegó hasta el Santo Padre Pío V, el cual lo nombró como Obispo de la isla de Córcega, siendo consagrado por el Arzobispo San Carlos.

San Alejandro encontró a Córcega en el más lastimoso estado moral. Los sacerdotes eran poco instruidos y el pueblo tenía muchas supersticiones; los campos estaban infectados por bandoleros y entre las familias había terribles venganzas. Se propuso evangelizar el lugar y lo consiguió. Visitó una por una todas las parroquias exigiendo que se enseñara catecismo y se diera buen ejemplo. Predicaba en todas partes con gran entusiasmo y mucho fruto. El santo trabajó en Córcega durante veinte años y consiguió la reforma.

Dios, nuestro Padre, le concedió a San Alejandro la gracia de hacer milagros, y fueron muchos los milagros que éste santo obró en aquella isla.

San Alejandro murió en 1592 y también después de su muerte siguió haciendo milagros.

Fuente: ACIprensa http://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=333

5 de Noviembre - Santos Zacarias e Isabel


Fueron los padres de Juan bautista y Zacarías era sacerdote de la Antigua Ley. No tenían hijos y habían llegado ya a una edad en que no podían esperar tenerlos, cuando un ángel se le apareció a Zacarías, en el momento en que éste oficiaba en el templo y le dijo: "No temas Zacarías porque tu plegaria ha sido escuchada, e Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, al que pondrás por nombre Juan. Desde el seno de su madre será lleno del Espíritu Santo y, a muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor su Dios". Y así sucedió. Según un escrito apócrifo, Zacarías había muerto mártir. Cuenta que fue asesinado en el templo por mandato de Herodes, porque se había negado a decir dónde estaba su hijo. El Martirologio, sin embargo, no menciona el martirio al conmemorar a Zacarías e Isabel el 5 de noviembre.

Fuente: ACIprensa http://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=332

viernes, 4 de noviembre de 2011

4 de Noviembre - San Carlos Borromeo


San Carlos cuyo nombre significa "hombre prudente" ha sido uno de los santos extraordinariamente activos a favor de la Iglesia y del pueblo que sobresale admirablemente. San Carlos Borromeo, un santo que tomó muy en serio aquella frase de Jesús: "Quien ahorra su vida, la pierde, pero el que gasta su vida por Mí, la ganará", murió relativamente joven porque desgastó totalmente su vida y sus energías por hacer progresar la religión y por ayudar a los más necesitados. Decía que un obispo demasiado cuidadoso de su salud no consigue llegar a ser santo y que a todo sacerdote y a todo apóstol deben sobrarle trabajos para hacer, en vez de tener tiempo de sobra para perder.

Nació en Arjona (Italia) en 1538. Desde joven dio señales de ser muy consagrado a los estudios y exacto cumplidor de sus deberes de cada día. A los 21 años obtuvo el doctorado en derecho en la Universidad de Milán. Un hermano de su madre, el Cardenal Médicis, fue nombrado Papa con el nombre de Pío IV, y éste admirado de sus cualidades nombró a Carlos como secretario de Estado. Más tarde, renunció a sus riquezas, se ordenó de sacerdote, y luego de obispo y se dedicó por completo a la labor de salvar almas.

San Carlos fundó 740 escuelas de catecismo con 3,000 catequistas y 40,000 alumnos. Fundó además 6 seminarios para formar sacerdotes bien preparados, y redactó para esos institutos unos reglamentos tan sabios, que muchos obispos los copiaron para organizar según ellos sus propios seminarios. Fue amigo de San Pío V, San Francisco de Borja, San Felipe Neri, San Félix de Cantalicio y San Andrés Avelino y de varios santos más.

Murió cuando tenía apenas 46 años, el 4 de noviembre de 1584. En Arona, su pueblo natal, le fue levantada una inmensa estatua que todavía existe.

Fuente: ACIprensa http://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=331