viernes, 18 de noviembre de 2011

18 de Noviembre - Dedicación de la Basílica de San Pedro y San Pablo


Según la tradición, el martirio de San Pedro tuvo lugar en los jardines de Nerón en el Vaticano, donde se construyó el Circo de Calígula y se afirma que fue sepultado cerca de ahí. Algunos autores sostienen que, en el año 258, se trasladaron temporalmente las reliquias de San Pedro y San Pablo a una catacumba poco conocida llamada San Sebastián a fin de evitar una profanación, pero años después, las reliquias fueron trasladadas al lugar en que se hallaban antes.

En el año 323, Constantino comenzó a construir la basílica de San Pedro sobre el sepulcro del Apóstol. Permaneció idéntica por dos siglos, y poco a poco los Papas fueron estableciendo junto a ella, al pie de la colina Vaticana, su residencia, tras el destierro de Aviñón. En 1506, el Papa Julio II inauguró la nueva Basílica proyectada por Bramante. La construcción duró 120 años. La nueva basílica de San Pedro, tal como se ve hoy, fue consagrada por Urbano VIII el 18 de noviembre de 1626, y el altar mayor fue construido sobre el sepulcro de Pedro.



El martirio de San Pablo tuvo lugar a unos 11 kilómetros del de San Pedro, en Aquae Salviae (actualmente Tre Fontane), en la Vía Ostiense. El cadáver fue sepultado a tres kilómetros de ahí, en la propiedad de una dama llamada Lucina.

La gran Iglesia de San Pablo Extramuros fue construida principalmente por el emperador Teodosio I y el Papa San León Magno. En 1823 fue consumida por un incendio. Se reconstruyó, haciendo una imitación de la anterior y fue consagrada por el Papa Pío IX el 10 de diciembre de 1854, pero la fecha de su conmemoración se celebra en este día, como lo hace notar el Martirologio.

Fuente: http://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=346

jueves, 17 de noviembre de 2011

17 de Noviembre - Santa Isabel de Hungría, Viuda



Su padre era rey de Hungría y fue hermano de Santa Eduvigis. Nacida en 1207, vivió en la tierra solamente 24 años, y fue canonizada apenas cuatro años después de su muerte. La Iglesia Católica ha visto en ella un modelo admirable de donación completa de sus bienes y de su vida entera a favor de los pobres y de los enfermos.

Cuando ella sólo tenía veinte años y su hijo menor estaba recién nacido, el esposo murió luchando en las Cruzadas. La Santa estuvo a punto de sucumbir a la desesperanza, pero luego aceptó la voluntad de Dios. Renunció a propuestas que le hacían para nuevos matrimonios y decidió que el resto de su vida sería para vivir totalmente pobre y dedicarse a los más pobres. Daba de comer cada día a 900 pobres en el castillo

Un día, después de las ceremonias, cuando ya habían quitado los manteles a los altares, la santa se arrodilló ante un altar y delante de varios religiosos hizo voto de renunciar a todos sus bienes y de vivir totalmente pobre, como San Francisco de Asís hasta el final de su vida y de dedicarse por completo a ayudar a los más pobres. Cambió sus vestidos de princesa por un simple hábito de hermana franciscana. Cuando apenas iba a cumplir sus 24 años, el 17 de noviembre del año 1231, pasó de esta vida a la eternidad.

Los milagros que sucedieron en su sepulcro movieron al Sumo Pontífice a declararla santa, cuando apenas habían pasado cuatro años de su muerte, y además, Santa Isabel de Hungría fue declarada patrona de la Arquidiócesis de Bogotá.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

16 de Noviembre - San Roque de Santa Cruz y Compañeros Mártires



El primer Santo Paraguayo e inspiración para toda la humanidad.

Nacido en Asunción, Paraguay, en 1576. Desde joven demostró una gran piedad ya que a los 14 años dirigió una procesión por el bosque en honor a la Eucaristía.

Fue ordenado sacerdote a la edad de 22 años y poco después nombrado párroco de la catedral de Asunción por el Obispo Martín Ignacio de Loyola.

El 9 de mayo de 1609 San Roque entró en la Compañía de Jesús y dos años mas tarde fue nombrado superior de la primera Reducción de Paraguay, San Ignacio Guazú. En la plaza de esta ciudad existe hoy una enorme estatua en su honor.

El deseo de llevar el evangelio a todo el mundo lo animaba a seguir adelante. El 22 de marzo de 1615 fundó una reducción en Itapúa (actual ciudad de argentina de Posadas) la cual pronto se trasladó a la otra orilla del río, en lo que es hoy Encarnación, Paraguay. Por eso se le reconoce como fundador y patrono de ambas ciudades. Otras dos Reducciones fundadas por San Roque González son: Concepción (1619) y Candelaria (1627).

Gran amante de la Virgen María. Con ella conquistaba corazones para Cristo. Por eso le llamaba "conquistadora".Se cuenta que muchas veces con solo levantar el cuadro de la imágen de nuestra Señora, los índios admiraban la belleza de María y sin pronunciar palabras se convertían.

Martirio

El 15 de noviembre de 1628, celebró la Santa Misa cerca de Caaró (hoy día en Brasil), donde se planeaba una nueva reducción. Allí fue asesinado por un cacique llamado Nezú. Los asaltantes quemaron su cuerpo pero, milagrosamente, quedó intacto el corazón. Para gran asombro de los asesinos, el corazón del santo les habló haciéndoles ver lo que habían hecho e invitándoles al arrepentimiento. Este corazón tan lleno del amor divino para todos los hombres, se mantuvo incorrupto. Cinco años mas tarde fue llevado a Roma junto con el instrumento del martirio: un hacha de piedra.

El corazón de San Roque y el hacha fueron trasladados a Paraguay en 1960 tras una breve estancia en Argentina. Ahora están expuestos en la Capilla de los Mártires en el colegio de Cristo Rey, Asunción, Paraguay. En la misma capilla hay una placa con los nombres de 23 misioneros jesuitas martirizados en la región.

Es de notar que ninguno murió a manos de los indios guaraníes de las Reducciones sino por miembros de otras tribus que no les conocían o de los "paulistas". Estos últimos eran cazadores de esclavos procedentes de San Paulo, Brasil, que tenían a los padres por enemigos por su defensa de los indios.

La visión de San Roque sobre las Reducciones se conserva en una carta a su hermano Francisco: "Nosotros trabajamos por la justicia. Los indios necesitan estar libres de la esclavitud y de la dura servidumbre personal en la que ahora se encuentran. En justicia ellos están exentos de esto por ley natural, divina y humana".

En 1931 Roque de Santa Cruz y sus dos compañeros mártires, Alonso Rodríguez y Juan del Castillo, fueron beatificados.

San Roque fue canonizado por Su Santidad Juan Pablo II en su visita al Paraguay, en la ciudad de Asunción, Mayo de 1988.

Fuente: Conferencia Episcopal Paraguaya

martes, 15 de noviembre de 2011

15 de Noviembre - San Alberto Magno, Doctor de la Iglesia


Ya en su tiempo la gente lo llamaba "El Magno", el grande, por la sabiduría admirable que había logrado conseguir. Lo llamaban también "El Doctor Universal" porque sabía de todo: de ciencias religiosas, de ciencias naturales, de filosofía, etc. Era geógrafo, astrónomo, físico, químico y teólogo, y las personas comentaban que el santo "sabe todo lo que se puede saber" y le otorgan además el título de "milagro de la época", "maravilla de conocimientos" y otros más.

San Alberto fue el maestro del más grande sabio que ha tenido la Iglesia Católica, Santo Tomás de Aquino. El descubrió la genialidad del joven Tomás.

Nació en Alemania en 1206. Era de familia rica y de importancia en el gobierno y en la alta sociedad. Ingresó de religioso con los Padres Dominicos.

En Colonia, en París y en varias otras universidades fue un profesor brillantísimo y de muchas naciones iban estudiantes a escuchar sus clases. Tuvo el mérito de haber separado la teología de la filosofía, y de rescatar y reconciliar las ideas del filósofo con las cristianas (lo cual perfeccionará luego su discípulo Santo Tomás).

Escribió 38 volúmenes, de todos los temas. Fue nombrado superior provincial de su comunidad de Dominicos. Y el Sumo Pontífice lo nombró Arzobispo de Ratisbona, pero a los dos años renunció a ese cargo para dedicarse a su misión intelectual.

Murió el 15 de noviembre de 1280, a la edad de 74 años.

Fuente: ACIprensa http://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=342

lunes, 14 de noviembre de 2011

Domingo 20 de noviembre de 2011 - Solemnidad Jesucristo, Rey del Universo. Ciclo A



«¡Venid, benditos de mi Padre!»

Lectura del profeta Ezequiel 34,11-12.15-17

«Porque así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy yo; yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él. Como un pastor vela por su rebaño cuando se encuentra en medio de sus ovejas dispersas, así velaré yo por mis ovejas. Las recobraré de todos los lugares donde se habían dispersado en día de nubes y brumas. En cuanto a vosotras, ovejas mías, así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío».

Lectura de la primera carta de San Pablo a los Corintios 15,20-26.28

«¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron. Porque, habiendo venido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos. Pues del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo. Pero cada cual en su rango: Cristo como primicias; luego los de Cristo en su Venida. Luego, el fin, cuando entregue a Dios Padre el Reino, después de haber destruido todo Principado, Dominación y Potestad. Porque debe él reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en ser destruido será la Muerte. Cuando hayan sido sometidas a él todas las cosas, entonces también el Hijo se someterá a Aquel que ha sometido a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todo».

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 25,31-46

«Y cuando viniere el Hijo del hombre en su majestad, y todos los ángeles con él, se sentará entonces sobre el trono de su majestad. Y serán todas las gentes congregadas ante él, y apartará los unos de los otros, como el pastor aparta las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a la izquierda. Entonces dirá el rey a los que estarán a su derecha: 'Venid, benditos de mi Padre, poseed el reino que os está preparado desde el establecimiento del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era huésped, y me hospedasteis; Desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estaba en la cárcel, y me vinisteis a ver'. Entonces le responderán los justos, y dirán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? Y ¿cuándo te vimos huésped, y te hospedamos; o desnudo, y te vestimos? O ¿cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y te fuimos a ver?'

Y respondiendo el rey, les dirá: 'En verdad os digo, que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis'. Entonces dirá también a los que estarán a la izquierda: 'Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, que está aparejado para el diablo y para sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; Era huésped, y no me hospedasteis; desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis'.

Entonces ellos también le responderán, diciendo: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o huésped, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?' Entonces les responderá, diciendo: 'En verdad os digo: Que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos pequeñitos, ni a mí lo hicisteis'. E irán estos al suplicio eterno, y los justos a la vida eterna"».


Pautas para la reflexión personal

El vínculo entre las lecturas


El año litúrgico se cierra siempre con la solemnidad de nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo. Desde la reforma litúrgi­ca la Iglesia ha reservado este último Domingo del año para contemplar a Jesucristo en la plenitud de su gloria y poder. La primera lectura, tomada del profeta Ezequiel, manifiesta el amor del Señor que se desvive por buscar a sus ovejas, sigue su rastro, las apacienta, venda sus heridas, cura las enfermas. El Señor, en persona, va juzgar entre oveja y oveja (Primera Lectura). Asimismo el Salmo Responsorial 22 destaca el amor y la misericordia del Señor que como Buen Pastor conduce, guía y conforta a sus ovejas. San Pablo, en la carta a los Corintios, nos habla del poder de Cristo que aniquilará todos los poderes hostiles al Reino de Dios. El último enemigo en ser vencido será la muerte (Segunda Lectura).

Finalmente el Evangelio nos presenta la venida definitiva del «Hijo del Hombre» que viene para separar a unos de otros, como un pastor separa a las ovejas de las cabras. El criterio que seguirá el Señor en este día, será el criterio del amor y la caridad: porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber... Todos los que hayan practicado el amor a Cristo y a sus hermanos irán a la vida eterna; los otros, al castigo eterno (Evangelio), ya que, como nos dice San Juan de la Cruz, «en la tarde de la vida seremos examinados sobre el amor».

«Yo soy el Buen Pastor»

El profeta Ezequiel nos ofrece uno de los textos más bellos del Antiguo Testamento. En él se repite hasta tres veces que «el Señor mismo» es quien se preocupa por cada una de sus ovejas; la busca si se han perdido, la cura si está herida, le ofrece pastos abundantes si padece hambre.

Los malos pastores, aquellos que no buscan el «bien común» de sus hermanos, han dejado que se pierdan las ovejas, se han aprovechado de ellas; por eso, el profeta anuncia que será Dios mismo quien ahora cuidará del rebaño. «Y suscitaré sobre ellos un solo pastor que las apacentará, mi siervo David, él las apacentará y será su pastor; y yo, el Señor seré su Dios, y mi siervo David, su príncipe en medio de ellos. Yo, el Señor, he hablado» (Ez 34, 23-24). Dios que es justo y ejerce esta justicia con amor juzgará a cada una de las ovejas y «vendrá a salvar a (sus) ovejas para que no estén expuestas a los peligros».

El bellísimo salmo 22 se referirá nuevamente al buen pastor para hablar del Señor. Cuánto conforta saber que «Dios mismo» es nuestro pastor, que «Dios mismo» nos conduce y repara nuestras fuerzas, nos guía por senderos de justicia. Este buen pastor será, al final de nuestra vida, quien nos juzgará. Es verdad, Cristo Jesús, que se encarnó y vino a la tierra como el Buen Pastor en busca de sus ovejas, desea que todas ellas estén en el redil, desea que todas ellas formen parte de su rebaño. No permite que le sea arrebatada ninguna.

El pastor, al final del texto de Ezequiel, separa oveja de oveja. Se trata pues de una llamada urgente para decidirse a favor o en contra del Señor. No hay lugar para términos medios. Quien no está con Él estará contra Él. Muchos, lamentablemente, no quieren oír los ruegos del Señor y no quieren «ser del rebaño de Jesús».

Cristo vence a todos los enemigos del hombre

Cristo, Rey del Universo, vence a todo los enemigos del hombre. Así, en la carta a los Corintios, San Pablo habla de todos los principados y potestades[1] que se oponen al Reino de Dios. «Todos los enemigos deben quedar bajo el estrado de sus pies», porque al final de los tiempos se debe realizar toda justicia. Al final, el mal será definitivamente derrotado por el bien y por el amor; pero recordemos que el triunfo del Reino de Cristo no tendrá lugar sin un último asalto de las fuerzas del mal. «No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien» (Rm 12,21).

El enemigo de Dios y del hombre, el diablo, sufrirá la última derrota de frente a Cristo resucitado, Señor de vivos y de muertos. ¡Cómo deberían incidir en nuestras vidas, verdades tan fundamentales y decisivas! Cristo tiene que reinar. Cristo reinará y vencerá el último enemigo, la muerte.

En su bello libro «Memoria e Identidad»[2] el recordado Juan Pablo II nos dice: «He aquí la respuesta a la pregunta esencial: el sentido más hondo de la historia rebasa la historia y encuentra la plena explicación en Cristo, Dios-Hombre. La esperanza cristiana supera los límites del tiempo. El reino de Dios se inserta y se desarrolla en la historia humana pero su meta es la vida futura».

«¿Pero cuándo te vimos desnudo, hambriento, enfermo o en la cárcel?»

Siempre que escuchamos acerca del «Juicio Final» tenemos la tentación de pensar que ésta es una realidad bastante lejana de nuestra vida cotidiana. ¡Todavía falta tanto tiempo…! Justamente lo que el Señor Jesús hace es traernos lo más cerca posible esta realidad última. El pasaje se inicia hablando sobre el «Hijo del hombre»[3] que vendrá en su gloria. Este es el nombre que Jesús adoptó para referirse a su propia perso­na y es un título enigmático que al mismo tiempo oculta y revela su miste­rio. En efecto, el Hijo eterno de Dios que estaba en los esplendores de la gloria del Padre, «se despojó de sí mismo tomando la condi­ción de siervo hacién­dose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como un hombre; y se humilló a sí mismo, obede­ciendo hasta la muerte y muerte de cruz» (Fil 2,7-8). Cuando Jesús estaba ante los Sumos Sacerdo­tes y el Sanedrín, respondiendo sobre quién era, dice: «Sí, y yo os aseguro que veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo» (Mt 26,64). El que estaba siendo juzgado y condenado por los hombres, es el mismo que al final de la historia vendrá como Juez de vivos y muertos y serán congregadas ante Él todas las naciones. Pondrán unos a su derecha y otros a su izquierda.

¿Cuál será el criterio para decidir quiénes irán a un lado u otro? Ante todo sabemos que no es insignificante el estar a la derecha o a la izquierda ya que nuestra «eternidad» depende de ello. La diferencia entre una situación y la otra es total: unos son llamados «benditos de mi Padre» y los otros, «mal­ditos»; unos poseen el Reino y los otros van al fuego eter­no. Pero por otro sabemos que no es una sentencia arbitraria, porque el Juez explica los motivos de la glorificación o de la condenación eterna. A los de la derecha el Rey dirá: «Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, era forastero y me acogisteis, estaba desnudo y me vestisteis, estaba enfermo y me visitasteis, estaba en la cárcel y vinisteis a verme». La sorpresa ahora será mayúscula ya que, aparentemente, nunca se han encontrado con el Señor.

Sin embargo la respuesta aclara la duda: «Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicis­teis». El Rey se identifica con los hambrientos, los sedientos, los desnudos, los enfermos, los débiles, los encarcelados, los despreciados del mundo. Si queremos ser gratos al Rey, el único modo que tenemos aquí en la tierra es hacerlo en aquéllos a quie­nes él llama «mis hermanos más pequeños». Nunca jamás se ha elevado a una dignidad mayor a los pobres y necesitados. A los de la izquierda dirá lo contrario y éstos preguntarán: «¿Cuándo...cuándo?». Y la sentencia seguirá la misma lógica que la anterior: «Cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, conmigo dejasteis de hacerlo».

La última y definitiva sentencia

El juicio es final y la sentencia por lo tanto es definiti­va: «Irán unos al castigo eterno y los otros a la vida eter­na». Ambas situaciones son «eter­nas» y no habrá tribunal de apela­ción ya que no habrá más tiempo ni espacio. El criterio discriminante está claramente expuesto: el amor. San Agustín nos dice: «El amor es la consumación de todas nuestras obras. En el amor está el fin. Hacia él corremos». Sabemos claramente qué nos van a examinar.

Toca a cada uno preparar bien la respuesta que daremos. La única actitud que no podremos tener es la de preguntar: «¿Cuándo, Señor, te vimos en necesi­dad?». Nunca se expresó en modo más claro que el amor a Dios y amor al prójimo constituyen un solo amor: amando a los pequeños de este mundo es a Cristo mismo a quien amamos.

Una palabra del Santo Padre:

« Os exhorto a vosotras, queridas fami­lias, a no tener miedo de vivir un amor exigente que revista, como escribe el apóstol Pablo, las características de la paciencia, la benignidad y la esperanza (cf. 1 Cor 13, 4. 7). A vosotros, queridos jóvenes, quisiera repetiros que la Iglesia os necesita, y de­searía añadir: vosotros tenéis necesidad de la Iglesia, porque la Iglesia desea so­lamente ayudaros a encontrar a Jesús, que hace libre al hombre para amar y servir. La Iglesia os necesita para que, des­pués de haber experimentado la verda­dera libertad, que sólo Cristo puede ofreceros seáis capaces de testimoniar el Evangelio en medio de vuestros coe­táneos con valentía y gran creatividad, según la sensibilidad y los talentos pro­pios de vuestra juventud. ¡Quiera Dios que la misión de los jóvenes, dentro de la gran Misión ciudadana, favorezca es­te acercamiento entre los jóvenes y Cristo, entre los jóvenes y la Iglesia!

Amadísimos hermanos y herma­nas, la liturgia de hoy nos recuerda que la verdad sobre Cristo Rey constituye el cumplimiento de las profecías de la anti­gua alianza. El profeta Daniel anuncia la venida del Hijo del hombre, a quien die­ron «poder real, gloria y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respe­tarán.

Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin» (Dn 7, 14). Sabe­mos bien que todo esto encontró su per­fecto cumplimiento en Cristo, en su Pas­cua de muerte y de resurrección. La solemnidad de Cristo, Rey del uni­verso, nos invita a repetir con fe la invo­cación del Padre nuestro, que Jesús mis­mo nos enseñó: «Venga tu reino». ¡Venga tu reino, Señor! «Reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz» (Prefacio). Amén».


Juan Pablo II. Homilía en la Solemnidad de Cristo Rey, noviembre del 1997

Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana


1. «A mí me lo hicisteis». ¿Cómo vivo la caridad y la solidaridad con mis hermanos más necesitados? ¿Cuál es mi actitud ante mis hermanos? ¿Percibo en ellos el rostro de Cristo?

2. «El Señor es mi Pastor, nada me falta». Recemos y meditemos en familia el bello Salmo 23(22).

3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 678- 679.


[1] Principados: una de la categorías de espíritus reconocidas por el judaísmo del siglo I. Potestad o Autoridad en plural puede referirse a poderes sobrenaturales (Ef 3,10; Col 1,15) que a veces se representan como seductores de los hombres.

[2] Juan Pablo II. Memoria e Identidad. Conversaciones al filo de los dos milenios. Editorial Planeta. Bogota, febrero 2005.

[3] El título de «Hijo del hombre» aparece 82 veces en los Evangelios y solamente en boca de Jesús. Este título hace referencia a la profecía de Daniel (Dan 7,13) acerca de un ser espiritual, pues está al lado de Dios, que vendrá a instaurar un nuevo reino y expresa la gloria divina de Jesús y su carácter humano.

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Fuente: VeMultimedios "Meditación Dominical"

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